'..no respondió. Volvió a besarlo.
Se la dió como los novios se dan los bombones cuando nadie les espía, como los recién casados se dan los postres durante la luna de miel, como únicamente podía dársela, para que él se decidiese a aceptarla.
En cuanto a las consecuencias, imagino que ya las adivináis.
Notó dentro de si la misma variación que había notado ella y se vió invadido de idéntico sentimiento que a ella le invadiese.
Y ahora, al recibir un tercer beso, él no le preguntó ya,
¿Qué te pasa?
Sino que susurró, vida mía. Y la devolvió mil por uno.
¡Qué día y qué noche de entusiasmo recíproco, de delirio, de frenesí...!'
(¿Os han comprado de niños una bici? No se abandona más que el tiempo justo para comer,
y aun así..)
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