Una de esas noches en las que se acumulan demasiadas horas sin sueño, el humo del cigarrillo se hace cada vez más difícil de inhalar y te pesa toneladas cada parte de tu plano anatómico.
Una noche más sin poder dormir, pero no una noche cualquiera.
Me como los nervios que me mantienen despierta y los siento bien adentro mientras pienso que hace "exactamente cinco años".
No termino de creerme que nos haya pillado el paso del tiempo en pelotas, en puro estado naive, sin absolutamente nada que decirnos. Y yo, que te diría tanto.. no formulo palabra precisa ni coherente que pueda pronunciar sin malentender intenciones.
No pretendo hincar la llaga en el dedo ni meter en hornos todos los bollos, pero de verdad que,
¿no vas a decirme nada?
Si pido que recuerdes sería demasiado egoísta, pero tampoco dudo que lo hagas.
Es humanamente imposible no acordarse de tus pies, pero sobre todas las cosas está comprobado que olvidar tus manos no entra dentro de mis metas, como tampoco en la lista de mis posibilidades está alcanzar amenizar el sonido de tu voz que me susurra todas las noches y conseguir que pase desapercibida en mi cabeza, que suene como otra cualquiera. Imposible.
Sin tener que hacer demasiados esfuerzos, recuerdo cada día.
Cada mueca, cada gesto, cada (son)risa y cada lágrima.
Recuerdos. Malditos y benditos a la vez.
Los maldigo porque me estancan, me queman, me atrapan, me arrastran y me duelen hasta en las uñas. Porque si no existieran no tendría que admitir lo que (te) echo de menos, directamente no echaría nada en falta y, además, habría encontrado una solución para este vacío mío.
Tengo también que bendecirlos. Doy las gracias, he vivido.
Gracias por rondar por la parte occidental de mi cabeza esos días de lluvia en tu casa, esos colacaos de mediamañana que hacía tu madre y esas pelis de las que nunca sabremos el final...y por la parte oriental estar merodeando días cálidos en playas no tan perdidas demostrando nuestro amor al mundo, verdadera pasión, abrazos infinitos, noches de guerra con finales felices -o tú en tu casa y yo en la mía y mañana ya veremos- pero alfinal juntos, como van de la mano los que creen quererse, pero queriéndose.
Dan para mucho y para poco cinco años.
Dicen que nunca terminas de conocer a alguien y, sinceramente, no estoy de acuerdo.
No creo que haya nadie que te conozca como te conozco yo y no creo que haya nadie que me conozca mejor que tú. Complicidad elevada al máximo exponente.
No empezaré a hablar de tus ojos porque es meterme en otro mundo.
Me morderé cada poro antes de escribir(te) y pondré todas mis fuerzas en no enredar, no confundir, (no) olvidar. Si hay veces en las que la mejor manera de pegar un puñetazo es retroceder, entonces apaga y vámonos porque no he aguantado ni el primer asalto.
Que no, que me sangran los dientes del sueño y aquí sigo, en tí, en mí, en un mero espejismo que hace tiempo que no existe y al que yo sola me empeño en dar vida propia. Y aunque suelen decir la verdad los ojos antes que las bocas, no tenéis ni idea de cómo mi boca le decía que no iba a haber un final, que jamás podrían estar encerrados en un cuarto los dos solos, sin que ninguno de los dos se inmutara ni sintiera la electricidad de la chispa que generaban en par, hasta que uno dejara de sentir.
¿Tú has dejado de sentir(me) en algún momento?
Porque yo juraría poder notar el baho de tu aliento en mi nuca cada noche antes de irme a dormir, y eso sí que es no tener pelos en la lengua.
No pienso cortarme, no, y ¿por que? Porque son cinco años ya.
Porque creo que merezco el reconocimiento de dar hasta lo incontable por que nuestra ebullición no bajara de los 231006 grados. Porque no me valía esa excusa de que "todo es muy bonito al principio pero luego..". Porque me he dejado la piel a cada minuto para asegurarme de que no se esfumara el brillo de tus ojos, ni el olor que desprenden las personas enamoradas. Y esque aun sabiendo lo que arriesgaba y siendo consciente de todo lo que apostaba encima de la mesa, ¿sabes qué? que ni el miedo ni el vértigo más grande pueden pararte cuando quieres algo de verdad. Que solo contigo aprendí, que las leyes van por un lado y lo que uno siente va por otro, que el sol puede durar no más que una canción y si no apuras no recibes.
Y se, y lo diré bien alto con total e irrevocable seguridad, que, si de algo estoy segura, es de que nadie jamás me ha querido ni querrá, con todos los puntitos de su piel, como me has querido tú.

