- 'Es que cuando escucho esta canción y cierro los ojos, es como si se me pasaran por la cabeza todos los momentos en los que...'
- 'No empiezes a filosofear anda.'
Y me decía que él no tenía excesos de nada, y yo, imaginaba mis sobredósis en pasión, chocolate y mordiscos (aunque no puedo decir que de eso él no entendiese..aún no he conseguido borrarme la marca de sus colmillos de mi teta izquierda) Escuchábamos Bob Dylan y todo (hasta él) comenzaba a dejarse ir, a empaparme de sus dedos. Me agarraba la cintura con el arrebato impulsivo con el que un niño salta a por los caramelos que caen de la piñata, y le faltaba suspirarme al oído una súplica para que no saliera de su cama en las siguientes 7 canciones.
Le quedaban 30 segundos de la última estrofa para conseguir volverme loca.
Y, al final, le hice gritar.
(y mientras sonaba B.Harper, permanecimos quietos, frente a frente, como si el resto del mundo siguiese girando y, nosotros, estuviésemos todavía bajo los efectos del standby)
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