Decirme que hará que no me vuelvan a temblar las manos.
Mejor, decirme ¿qué hará para que no lo hagan? No pido nada fácil, lo se... pero es que a ver cómo le explico que lo fácil nunca ha ido conmigo, que soy experta en enredar(me), sí, a sus pies también, si se deja.. Que converso y comparto con suspiros cada una de sus dudas porque es físicamente imposible contestar con coherencia a sus pupilas, que no le aguanto la mirada más de lo que mi cabezonería me permite porque químicamente....químicamente explotamos. Que es demasiado que pida que me recorra cada milímetro de su espalda sin aprendérmelo de memoria. Que todavía no se a qué saben cada una de sus sonrisas, ni qué esconden, pero sí se el caos que genera dentro de mi cada vez que estruja mi moflete izquierdo.
Que son devastadoras las consecuencias cuando pasa sus manos por ese punto justo, esas coordenadas prohibidas en las que sabe que me dejo ir, que me vuelvo una completa y entera inofensiva, que pierdo el control (ese que nunca me importó no tener). Que vuelve a sabotear mis pilares con su tacto, mi coraza con su labio superior.. y es espásmico. Histéricas sus pestañas cuando (me) miran, trastornada mi espina dorsal cuando lo hacen. Que alfin puedo hablar de perfección si menciono sus dedos. Hirvientes, hirientes, hacen lo que quieren con cada uno de mis gestos. Lo que quieren.
Y ¿qué quiere?
(lo que sea pero-decirme que hará que no me vuelvan a temblar las manos)
No hay comentarios:
Publicar un comentario