martes, 22 de mayo de 2012

V de BESO. Pequeñas notas.

La habitación huele a nosotros.  
Mis manos siguen oliendo a ti y encuentro restos de anoche debajo de las sábanas. 
Me pregunto qué recordarán tus dedos de mi espalda y qué recorrerán tus ojos hoy sin mí, 
¿qué parte de vértigo es la que no entiendes? 
Tengo vértigo, vértigo de ti.
Que tus manos busquen mi cintura, todas las mañanas y a media noche, aunque hayan tocado otros cuerpos/rostros/fondos, me da una seguridad demasiado efímera.
A pesar de lo existencial, se te llenó la boca que antes siempre percibía vacía, y tuve que deducir que será cierto que sientes y (te) estremeces, aunque sea un ratito, cada día. 
Tendré que creer(te). 
Hablamos hasta las tantas de los nombres de las cosas, 
de cómo vivir esta estapa de la vida, 
de lo de acuerdo que estamos en -casi- todo. 
De cómo (des)conectamos. 

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- ¿A mí me vas a decir dónde está la comisura?
- Miedo me das...
- ¿A qué te refieres? 
- A que no se qué temo más; que acabes por conocerme, no te guste, y te largues, o , te guste, y quieras quedarte. A que tengo vértigo. Vértigo de ti. Vértigo de quererte pero, sobre todo, vértigo de que me quieras. A que siento escalofríos cuando pienso que habrá alguien que me espere cada  noche sentado en el sofá. A que huyo de la felicidad. A eso me refiero 

Vértigo (que no es miedo a caer, sino deseo de volar)